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Te doy la bienvenida a mi nueva web, siempre en construcción. Pretendo desarrollar una web para ofreceros con mayor accesibilidad mis artículos, mis libros y la música que disparo a través de mi emisora de radio Spanish Rock Shot.
Me encantaría recibir tu opinión, cualquiera que esta sea. Tus ideas pueden ayudarme.

Estuvo conmigo por algún tiempo, pero quiso coger aire y echó a volar.
Y, en la huida, se llevó su amor, la calma de mi sexo, la compañía de mi presente, la tranquilidad de un imaginado futuro… y tantas otras cosas. Dejó un compromiso, unos zapatos usados, un abrigo colgado, unos recuerdos imborrables, una habitación vacía y una esencia de mujer pegada a mis primeras canas.
Nada es lo mismo para siempre.
Todo cambia. Nada permanece… Sin ti.
La máquina del tiempo es una quimera fantástica. Pero, ¡ojalá pudiera existir! Volvería atrás. Atraparía al ladrón de la comprensión. Lo pondría ante nuestros ojos. Expondríamos el caso, reflexionaríamos y lo juzgaríamos.
Dos jueces. Un culpable. Sin testigos. Sin jurado. Solos tú y yo.
Ese maldito ladrón se llevó nuestra unión.
¿Lo absolvemos o condenamos a perpetua?
Quizá lo justo sería hacerlo confesar, y entonces dictaminarle la pena capital.
Y empezar nosotros a vivir de nuevo, con la lección bien aprendida, los deberes hechos, el alma atenta. Para que nunca más nos robe la esperanza, la casa, la vida…
Pero tú te fuiste. Y ese ladrón quedó en libertad.
Caso archivado. Hasta, si algún día quieres, más ver. O hasta que el olvido cure sin olvidar, y la muerte se lo lleve con él.
¡Que todos los dioses condenen por siempre a ese maldito criminal!
Y si alguna vez te vas te seguiré jurando mi te quiero,
no te llevarás mi adiós.
Para que sufras por mi amor,
para que también hiera tu alma el dolor que has provocado, aunque el odio de imaginarte con otro me llene el interior.
Para que sepas de tu asesinato,
para que sientas que fuiste la esperanza rota,
la última ilusión perdida,
mi muerte,
mi vida.
Aquella noche soñé que te ahogabas…
Desesperada me pedías que te salvara. Tú creías que sí, pero yo no sabía bien nadar. Sentía imposible poder hacerlo, y mucho menos en aquellas aguas desquiciadas.
Desde la orilla, desesperado yo también, me debatía entre tu vida, la mía, la de los dos… Ir a tu encuentro, arriesgar mi vida, quizá sacrificarla, morir los dos… ¡Auxilio!, pedíamos.
Esta madrugada al despertar he entendido aquel sueño:
morías,
tú sola,
en el mar de tus pensamientos.
¿Dónde hay un salvavidas?
¿Quién va a quitar el tapón para que esto desagüe?
¿Alguien que te enseñe a nadar?
¿Alguien que me muestre cómo salvarte?
¿Qué amamos cuando destruimos?
Quizá queremos vencer al tiempo y la implacable guadaña que atenta lo vigila.
Mira el otoño y la hoja caída.
Quizá queremos ser el centro, que la tierra gire alrededor nuestro y el sol nos ilumine.
Contempla tan sólo un cuadro en su exclusivo museo.
¿Qué destruimos cuando amamos?
Quizá queremos abandonar la estación y coger un tren hacia esa otra parte.
Mira la lumbre que apagamos en primavera.
Quizá queramos ser Dioses, vengarnos de un querer no correspondido y construir un mundo a nuestra medida.
Mírate pues a ti, hombre, y a tanta miseria como has generado.
Tomó unos colores y pintó, hasta que se le acabó la tinta.
Buscó en la tierra, la mar, el aire… y quiso llenarse de sus esencias.
Sus manos pretendieron esculpir lo sentido… Pretendieron
Entonces fue que recurrió a la música. Trató de escuchar, de componer… Trató.
Y ahí se quedó sin palabras.
En aquel momento, murió.
Veía, sentía y recordaba como sus memorias se perdían con el temporal. ‘Guardaba mis recuerdos para preservar mi pasado’, dijo él. ‘Es que… no puedes tener tu vida en cajas’, le replicó ella.
Así que, lo que pudo lo guardó en poemas.
‘Lo único que queda en la vida son las obras. Y ahora sólo quedamos tú y yo, padre.’ El empresario miró a su hijo. Y aún aturdido, con los ojos encharcados, recordó esas palabras que él mismo le había dicho un día de esos que llaman ‘de vino y rosas’.
El terremoto había enterrado al resto de la familia, y convertido en escombros su imperio.
Un viejo empleado suyo pasó a su lado. Lo miró, y, sin pronunciar palabra, siguió su camino. Su mujer abrazándolo y sus ocho hijos caminando tras ellos.
Nadie parecía poder volver
a tener entrada en su corazón.
Después de aquella herida
puso veda al amor.
Cuando alguien quería entrar
él siempre decía no.
Y es que…
¿quién no teme al dolor?
Siempre se culpaba en su complejo interior,
“nadie puede querer a alguien como yo”.
En el fondo sentía que la soledad
no era la solución.
Pero…
¿quién no teme al dolor?
Casa cómoda y trabajo encontró,
aunque seguía encarcelado en su yo.
Pocos llamaban ya a su solitaria, perdida alma,
y seguía pensando que la soledad no era una buena razón.
Pero…
¿quién no teme al dolor?
Pronto llegó la vejez y desesperación,
quiso dar marcha atrás en su terrible error
pero ya era tarde y a nadie encontró,
tan sólo una frase en el infinito escuchó,
alguien que a su pregunta respondió:
” Nunca temas al amor.”
Quiero tener el tiempo siempre conmigo. Quiero atrapar la vida entre las manos. Quiero coger el sentimiento de mi alma. Quiero hacer el amor perpetuo.
Quiero ver siempre la luna. Quiero que el sol nunca me ciegue. Quiero pisar firme el suelo. Quiero ver el mejor azul del cielo.
Cuando nunca el reloj marque. Cuando se escurra la vida entre mis manos. Cuando no haya esperanza en el corazón. Entonces sólo habrá vacío lleno.
Cuando el infinito sea oscuro. Cuando no haya nada iluminado. Cuando mis pasos no dejen huella. Entonces estaré muerto.
Quiero sentir el placer de cada nuevo día. Quiero la eterna magia de la noche. Quiero beber el agua que corre. Quiero soñar con algo mejor.
Quiero la sonrisa de mis amigos. Quiero el más dulce beso de mujer. Quiero atrapar emociones con palabras. Quiero hacer el amor perpetuo.
Cuando la mañana me duela. Cuando la noche aparezca sin duende. Cuando el agua esté embalsada. Cuando Morfeo me de pesadillas.
Cuando las sonrisas sean de cartón. Cuando beso y piel ya no estén. Cuando las letras no puedan decir nada. Entonces estaré muerto.
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