Quiero provocar el silencio para escuchar mi máquina de vida.
Mis entrañas fabrican la energía del humano que habito. Respiro. El corazón hace que fluya la corriente roja por los ríos de mi ser. Existo. De mi cerebro estallan las palabras de mi voz. Siento. Voz del alma que soy. Del estar que queda en el papel.
No hay silencio en este mi mundo. Las palabras conforman el sonido. El bullicio de la soledad.
Y así hasta el final. Hasta que los ríos rojos se sequen y las entrañas se pudran. Entonces sólo quedarán mis mensajes. Código de letras que mi voz leerá en otro.

Nos negamos a escucharnos. Enmudecemos la voz interior con sonidos externos. Anulamos esta exclusiva identidad para confundirnos fuera. Preferimos perdernos a encontrarnos. Hallarse da miedo.
El silencio absoluto es nuestro destino. Disfrutemos ahora de este único y personal silencio bullicioso. Descubramos el placer de nuestra máquina de vida sin igual.