¿Sabes?, los culpables son ellos. Si no fuera por ellos, por lo que dicen… todo sería diferente. Quieren hacerte ver, a su manera. Creen que hacen bien. Pero hacen daño.
Uno mira, escucha, lee… y piensa y dice: claro, así es. Y se replantea la situación. Y entonces lo echa todo a perder.
Antes era diferente. No pasaba esto. Uno sabía lo que debía hacer y, aunque tenía sus crisis, lo hacía. Ahora, más que saber lo que hacer, uno sabe lo que deshacer. Antes era más… cómo decirlo… más inocente.
Y claro, uno cae en la trampa y lo manda todo al carajo. Y, de esa manera, se manda él mismo también.
Pues no les hagas caso.
Sí, claro, es fácil decirlo, hacerlo es lo complicado.
Haz lo que creas que debes hacer. Y aférrate a ello como a una verdad absoluta. Tu verdad. Sin importarte nada, nadie.
¿Y entonces qué? ¿Me encierro en mi mismo?
Puedes ser sordo.
Sí, claro, y mudo, y ciego… Y entonces… ¿cómo me sumo a la vida? Soy un ser social. No creo que pudiera ser un ermitaño.
Pues vete a vivir a la selva, con los animales, o con alguna tribu salvaje.
Sí, con los animales quizás estaría mejor.
Anda, anda, déjate de tonterías. Cambia de canal y busca otra cosa. Intenta no hacer mucho caso a cómo enseñan a deshacer.

Una semana después, mi amigo dejó la televisión, la radio y un montón de periódicos junto al contenedor de basura. Días más tarde desapareció, sin dejar rastro.