Arte: del latín ars, significa habilidad.
Habilidad: capacidad y disposición para algo.
Definiciones dadas según el Diccionario de la Real Academia Española.

Como escritor, consulto el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española frecuentemente. Es una herramienta de trabajo que me ayuda, utilizo, y a la que me dirijo cada vez que quiero acercarme al significado de tal o cual palabra. Pero en numerosas ocasiones se me ha quedado corta la acepción o acepciones que la Academia ofrece para lo que quiero expresar con la palabra en cuestión, la cual me lleva a otra que vuelve a suscitar mi duda. Y entonces vuelvo a consultarlo, y ésta incluye otra cuyo significado me provoca una nueva necesidad de búsqueda… Y así, o bien decido dar por válido lo que los académicos han designado, o bien intento hallar mi propia combinación de palabras que den sentido y me acerquen más a lo que deseo comunicar.
Convengamos pues, para simplificar la tarea de introducirnos en el arte de la Creación Literaria, en aceptar las primeras acepciones de arte y, en consecuencia, de habilidad, que la Academia nos ofrece.
Usando estas acepciones, está extendida la idea de que el artista nace artista, que viene al mundo tocado por una gracia divina y dotado con la sensibilidad y las habilidades necesarias para el arte, siendo harto difícil sino imposible dotar de esta capacidad a quien no la posee. Ante esto, una sencilla pregunta podemos hacer a los que así opinan: ¿Quién no era creativo en sus juegos infantiles?
En la niñez todos tenemos la necesidad de jugar, y mediante el juego descubrimos y nos hallamos en nuestro entorno. El juego en la infancia es necesario para formarse intelectual, emocional y socialmente, y es una manera en que se desarrollan tanto la creatividad como las habilidades para entender y relacionarse con el mundo que nos rodea. La creatividad es innegable en la infancia, y esto es porque nuestra mente lógica (hemisferio izquierdo del cerebro) aún no se ha desarrollado, predominando la parte imaginativa y creativa (hemisferio derecho). El sistema educativo incide mayormente en las matemáticas, la lógica y el lenguaje, por lo que durante nuestra educación, crecimiento y desarrollo personal vamos dando cabida a reglas y normas, a lo que venimos a llamar “más sensato”, y con esto bloqueamos esa habilidad y energía creativa, tomando así una u otra dirección “más razonable” para nuestra vida. Esto nos lleva a pensar que lo que estamos haciendo es sobrecargar las funciones del hemisferio izquierdo, debido precisamente a la discriminación que hemos venido dando a las funciones del derecho, a nuestra capacidad imaginativa y creativa. Y esto nos hace perder esa habilidad creativa, artística, con la que nacimos, y la posibilidad de escapar con ello de lo dogmático. En definitiva, nos limita el ser más libres y felices, como lo éramos en la niñez. Nuestra vida suele llenarse de estrés, lo que paradójicamente resulta ser menos razonable y sensato.
Posiblemente, muchos recordamos que mientras jugábamos en nuestra infancia pasábamos por diferentes etapas de “lo que queríamos ser de mayores”. Pocos de nosotros hemos llevado a cabo aquellos deseos; nuestra educación, circunstancias y desarrollo personal han sido los que poco a poco nos han inclinado hacia una u otra profesión. Y una vez asentados en ésta, hemos ido ejercitando nuestro cerebro para las habilidades que cada día nos conlleva Y la rutina ha sido la encargada de ir aletargando nuestra capacidad creativa.
A lo largo y ancho del planeta hay personas en las que la parte izquierda del cerebro predomina en su actividad, y hay otras (las menos) en las que lo hace la derecha. Lógicamente, ni un extremo ni el otro deben ser considerados como buenos. Lo ideal sería buscar un equilibrio; dejar que la energía psíquica fluya por ambas partes, que tanto la lógica (izquierda) como la imaginativa-creativa (derecha) puedan interactuar y complementarse.

La diferenciación de las funciones de los hemisferios cerebrales se la debemos a Rogert Wolcott Sperry, ganador del premio Nóbel de Medicina en 1981. Éste científico utilizó como sujetos de su investigación a enfermos gravemente incapacitados y afectados de epilepsia, a los que como último recurso se les había seccionado el cuerpo calloso, es decir, el sistema de interconexión entre los dos hemisferios cerebrales. Sperry observó que, aunque los enfermos caminaban, hablaban, comían y aparentaban normalidad, sus hemisferios tenían diferentes funciones. La mano y el ojo derecho podían nombrar un objeto, pero el paciente era incapaz de explicar para qué servía el objeto en cuestión, por otro lado, no podía nombrar el objeto cuando lo hacía con la mano y el ojo izquierdo, pero si que podía explicar su uso. Las investigaciones trajeron cómo conclusión que las funciones realizadas por el lado derecho del cuerpo son dirigidas y controladas por el hemisferio izquierdo, y viceversa, y que el lenguaje es una función predominante del hemisferio izquierdo. Se dedujo que el hemisferio izquierdo está especializado en las funciones verbal y analítica, mientras que el derecho en las no verbal y de percepción global.
Estos descubrimientos trajeron consigo nuevas investigaciones, en las cuales se fueron definiendo las funciones de cada hemisferio
Rogert W. Sperry dijo: “La cuestión es que parece haber dos modos de pensamiento, verbal y no verbal, diferenciadamente representados en el hemisferio izquierdo y derecho respectivamente, y nuestro sistema educativo, a la vez que la ciencia en general, tiende a despreciar la forma no verbal de inteligencia. Esto viene a decir que la sociedad moderna es discriminatoria hacia el hemisferio derecho.” Roger W. Sperry ”Lateral Specialization of Cerebral Function in the Surgically Separated Hemispheres”, 1973

Personalmente creo con firmeza en la idea de que uno no nace artista, simplemente tiene la necesidad de entenderse, situarse en el mundo que le rodea y comunicar su sentir a los demás. Y es día a día que se ejercita en esta necesidad comunicativa, llegando a hacerse un experto en la materia. De esto, además de explorar en el entendimiento, extrae un inigualable estado de placer y felicidad. Por otro lado, he observado a personas negativas, con tendencias autodestructivas, precisamente porque encuentran estresante y rutinario su trabajo y vida. Y entiendo esto debido a que ponen freno a su imaginación, a su parte creativa, a sus habilidades artísticas. Al contrario que éstas, he conocido a otras que o bien consiguen introducir creatividad en su rutina laboral o, si esto no les resulta posible, desarrollan una actividad creativa al margen, tanto por su propia cuenta como asistiendo a talleres. Estas personas suelen resultar más equilibradas (más inteligentes emocionalmente), más sanas tanto física como psíquicamente, debido a que en su espacio y tiempo de creatividad han logrado relajarse, ir al encuentro del artista que llevan dentro, y así sacar afuera sus sentimientos, sintiéndose contentos y, en definitiva, libres.
A mi entender, apoyando las palabras del Doctor Sperry, la sociedad actual continúa reprimiendo en gran medida las iniciativas creativas, provocando esto tensiones internas y, por consiguiente, ansiedad, agresividad… que derivan en patologías tanto psicológicas como fisiológicas. Cuerpo y mente van íntimamente relacionados, ya se sabe.

Estoy convencido, y yo así lo vivo, de que la creatividad es una de las mejores formas de encontrar la felicidad. El arte nos acerca a una especie de energía divina en encuentro con lo más profundo de nosotros mismos.

Muchos son los que han escrito sobre las capacidades terapéuticas del arte y, en nuestro caso, de la Creación Literaria. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, era partidario de la idea de que los niños repiten en sus juegos cualquier cosa que en sus vidas les ha causado gran impresión, superando de esta manera la situació
n, y que, del mismo modo que en los juegos de la infancia, el escritor escribe sobre algo que le ha causado gran impresión en su vida para así superar la situación.
Debido a que la capacidad lingüística se haya ubicada en el hemisferio izquierdo y la creativa en el derecho, debemos considerar al arte de la Creación Literaria como capaz de equilibrar ambos hemisferios. Tanto la parte lógica como la creativa son ejercitadas en el arte de la escritura, consiguiéndose así un balance entre lo lógico (el lenguaje y sus reglas) y lo emocional.
Mediante la escritura nos situamos para entendernos a nosotros mismos y nuestro mundo, lo cual incidirá en un mejor ser y estar en nuestra vida.

La internacionalmente conocida escritora y profesora de escritura creativa Julia Cameron, en su libro “The artist’s way”, El camino del artista, es defensora a ultranza de la idea de que todos somos creativos, que llevamos un Dios creador dentro. En este su libro-curso intenta sacar esa energía creativa del lector-estudiante mediante ejercicios que ella misma denomina de búsqueda de una “electricidad espiritual”. El primer principio básico en los que se fundamenta dice “La creatividad es el orden natural de la vida. La vida es energía: pura energía creativa”.

Los neurólogos están investigando y demostrado que, aunque nacemos con determinadas pautas de comportamiento (las cuales nos dotan física, mental y emocionalmente de instintos para sobrevivir), nuestro cerebro no es en absoluto estable sino maleable, capaz de desarrollar nuevas pautas de conducta, nuevas combinaciones de células nerviosas y neurotransmisores capaces de responder de manera diferente ante las situaciones.

Una vez más, esto nos lleva a pensar que todos somos creativos, todos llevamos un artista dentro, tan sólo tenemos que recobrarlo, sacarlo afuera y darle vida para que fluya libremente.