Nadie parecía poder volver
a tener entrada en su corazón.
Después de aquella herida
puso veda al amor.

Cuando alguien quería entrar
él siempre decía no.
Y es que…
¿quién no teme al dolor?

Siempre se culpaba en su complejo interior,
“nadie puede querer a alguien como yo”.
En el fondo sentía que la soledad
no era la solución.
Pero…
¿quién no teme al dolor?

Casa cómoda y trabajo encontró,
aunque seguía encarcelado en su yo.
Pocos llamaban ya a su solitaria, perdida alma,
y seguía pensando que la soledad no era una buena razón.
Pero…
¿quién no teme al dolor?

Pronto llegó la vejez y desesperación,
quiso dar marcha atrás en su terrible error
pero ya era tarde y a nadie encontró,
tan sólo una frase en el infinito escuchó,
alguien que a su pregunta respondió:
” Nunca temas al amor.”