Aquella noche soñé que te ahogabas…

Desesperada me pedías que te salvara. Tú creías que sí, pero yo no sabía bien nadar. Sentía imposible poder hacerlo, y mucho menos en aquellas aguas desquiciadas.

Desde la orilla, desesperado yo también, me debatía entre tu vida, la mía, la de los dos… Ir a tu encuentro, arriesgar mi vida, quizá sacrificarla, morir los dos… ¡Auxilio!, pedíamos.

 

Esta madrugada al despertar he entendido aquel sueño:

morías,

tú sola,

en el mar de tus pensamientos.

 

¿Dónde hay un salvavidas?

¿Quién va a quitar el tapón para que esto desagüe?

¿Alguien que te enseñe a nadar?

¿Alguien que me muestre cómo salvarte?