Si me besaras ahora…

aliviarías la pena del amor que me ha dejado,

 y podría volver a creer en él.

 

Si me besaras ahora…

lloraría de alegría más de lo que he llorado de tristeza,

y llenarías mi alma de la esperanza que necesito.

 

Si me besaras ahora…

la vida entera moriría en ese preciso instante,

y tus labios serían el ticket hacia el paraíso.

 

Si me besaras ahora…

encajaría el dolor de aquel adiós,

y recibiría pleno a un venturoso hola.

 

Si me besaras ahora…

entendería el precio de la pena,

y que, a pesar de ella, la vida es justa conmigo.

 

Si me besaras ahora…

derretiríamos la nieve de esta ciudad,

y el mundo entero nos desaparecería, deshecho por nuestra pasión.

 

Si me besaras ahora…

sanarías todo mi ser,

y querría estar a tu lado, la vida entera.

 

Por Dios, ¿sabes mujer la magia que nos envolvería si me besaras?

Y entonces…

¡Por qué no me besas ahora!

 

P.D.  Los besos deben venir imantados, ya lo sé. Y, en ese particular caso, el amor es cuestión de dos extraordinarias fuerzas que se atraen. Quiero decirte pues, mujer, que lo siento. Siento si te presioné de manera equivocada. Tan sólo sentía la urgencia de decirte estas mis emociones. Al menos ellas quedarán aquí, en el papel, si de repente la muerte me lleva… y aún no me has querido besar.