Aquella madrugada mi alma gritó un dolor desesperado, incontenible y jamás sentido. Sangró, lloró sintiéndote en otros brazos, bailando una milonga desleal.  Imposible dormir con la herida abierta, imaginándote Princesa, bella ante la deseante mirada de otros ojos, lejos de los míos.  “El tango sólo tiene camino de ida”, te dijeron.  “El tango o yo”, te pedí.  Y tú lo… read more