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LA CREACIÓN LITERARIA CON PROPÓSITOS TERAPÉUTICOS

(Un acercamiento científico y humanístico al poder curativo de la escritura)

 

Cerebro, mente, comportamiento y el poder de la palabra escrita.

El cerebro humano, con sus miles de millones de conexiones neuronales-1011 más o menos-, resulta ser el más extraordinariamente complejo que ha venido a traer la evolución. Así, nuestra mente (emocional, sentimental y creadora) nos aporta una riqueza y capacidades únicas. Según los científicos, no hay un cerebro humano igual a otro, ni por tanto una mente igual a otra. Claro queda pues que son el cerebro y la mente, con sus respectivas e interrelacionadas funciones físicas y psíquicas, los que nos hacen ser lo que somos. Esto no significa que cerebro y mente sean entidades inamovibles, ni mucho menos, su capacidad de adaptación y cambio, su plasticidad (‘neuroplasticidad’, característica introducida por primera vez por el psicólogo y filósofo William James, 1842-1910), también es un hecho ya demostrado.

Nuestro cuerpo es el medio que, en contacto con el entorno, recibe y envía la información a nuestro cerebro. Y es éste quien, mediante complejas acciones y reacciones neuronales, crea la información que nuestra mente procesa y elabora de manera personal y exclusiva. Aunque quizás esto puede resultar más que obvio, considero que debo explicarme mejor para ser bien entendido y llegar a conclusiones acertadas. A través de nuestro cuerpo vemos, oímos, gustamos, olemos y tocamos (ojos, oídos, nariz, boca y cuerpo). Nuestro cerebro recibe esa información. Y es entonces que nuestra mente la procesa de manera determinada, influida por la educación, la experiencia personal, la cultura, etc., para, posteriormente, llevarnos a actuar y comportarnos en nuestro entorno de cierta forma. Antonio Damasio, Profesor de Neurociencia y director del Brain and Creativity Institute de la University of Southern California, explica de manera magistral esta relación cuerpo-mente-comportamiento en su libro Y el cerebro creó al hombre: “El cuerpo y el entorno que lo rodea interactúan entre sí y los cambios que esa interacción causa en el cuerpo llegan a ser cifrados en mapas en el cerebro. No hay duda de que la mente conoce el mundo exterior a través del cerebro, pero es igualmente cierto que el cerebro solo puede ser informado a través del cuerpo. La segunda consecuencia especial de ese ‘ocuparse del cuerpo’, propio del cerebro, no es menos notable: al cifrar el cuerpo en mapas de una forma integrada, el cerebro consigue crear el componente crítico de lo que se convertirá en la identidad reflexiva, del ‘sí mismo’ ”.

Según lo dicho, a mi modesto entender queda claro que somos en gran medida lo que nuestro cerebro y mente determinan que seamos. Y queda en nuestras manos y es nuestra responsabilidad usar esas sus capacidades lo mejor que podamos tanto para nuestro propio bien como para el común. Ya hemos mencionado que los expertos consideran que nuestro cerebro es plástico. Un cerebro sano, sin lesiones, puede transformar la forma en que trabaja y determina una mente, y viceversa. El cerebro actúa y genera una mente, pero la mente también actúa y transforma un cerebro. Cerebro, mente y cuerpo están en íntima relación y forman una manera de sentir, pensar, entender la vida y actuar en ella. ‘Tu carácter es tu destino’, leí una vez procedente de no recuerdo bien quién. Firmemente lo creo. Obviamente que nuestro físico, genética y entorno social y cultural pueden limitar y condicionar, pero nos queda nuestra voluntad e inteligencia, o lo que los psicólogos Peter Salovey, de la Universidad de Yale, y John Mayer, de la Universidad de New Hampshire vinieron a llamar ‘inteligencia emocional’, concepto que popularizó y extendió el psicólogo y periodista David Goleman, y que podríamos resumir como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos.

Pero, ¿cómo podemos entonces bien encajar, ordenar y organizar toda esa información que nuestra mente elabora y dicta con el fin de vivir de manera más sana, sin ocasionar disfunciones tanto en nosotros mismos como en la interacción con los demás? ¿Cómo podemos entender mejor lo que nuestros sentidos perciben y las emociones y sentimientos que resultan de nuestra mente nos dictan para sentirnos mejor en el presente, entender los traumas del pasado y proyectarnos mejor hacia el futuro? Para mi, la repuesta queda clara: la reflexión y organización de los pensamientos e ideas a través del lenguaje y, en el caso que aquí nos trae, de la Creación Literaria.

Escribo desde que era adolescente. Primero canciones, poemas, después relatos, novelas y artículos. Con esto he pretendido y pretendo entender los traumas y problemas que me han afectado y afectan. Sin mi escritura creo que dejaría de ser el yo que soy hoy. No me sería posible bien entender de dónde vengo, organizar las ideas para buscar explicaciones a qué me pasó y qué pasa a mi alrededor, planear de manera positiva dónde quiero ir… Y me convertiría en un loco enfermo, desesperado por encontrar alguna manera de contar, contarme y sanar.

“La mente y el comportamiento son el resultado en cada momento del funcionamiento de galaxias de núcleos y paquetes corticales articulados por proyecciones neuronales convergentes y divergentes. Si estas galaxias neuronales están bien organizadas y funcionan de manera armoniosa, su dueño hace poesía. Si no, el resultado es la demencia.” Antonio Damasio. (2010) Y el cerebro creó al hombre. Ediciones Destino.

Introducidos ya el papel que cerebro y mente juegan en nuestro carácter y comportamiento, creo conveniente que pasemos, también muy brevemente, a observar: primero la fuerza e influencia que el lenguaje tiene en nuestros procesos mentales, después la que la palabra escrita aporta en la regulación de las emociones y sentimientos y, por último, concluir y ver cómo la escritura creativa puede mejorar nuestra salud, tanto física como psíquica.

Fue el científico Roger Wolcott Sperry, premio Nobel de Medicina de 1981, quien descubrió las diferentes funciones de los hemisferios cerebrales e indicó la importancia que el lenguaje y la creatividad tienen y pueden conllevar para la integración de dichas funciones. Por sus investigaciones dedujo que el hemisferio izquierdo está especializado en las funciones verbal y analítica, mientras que el derecho en las no-verbal y de percepción global. El hemisferio izquierdo es analítico y racional, mientras que el derecho es intuitivo e imaginativo. El lenguaje, entendiendo éste como conjunto de reglas que organizan un pensamiento razonado, es una función del hemisferio izquierdo, mientras que la imaginación y creatividad quedan en el derecho. “El asunto principal que de esto surge es que parece haber dos modos de pensamiento, verbal y no verbal, observados de manera bastante diferenciada en los hemisferios izquierdo y derecho respectivamente, y que tanto nuestro sistema educacional como la ciencia en general tienden a despreciar la forma no verbal del intelecto”. Traducido del documento: Roger W. Sperry. (1973) Lateral Specialization of Cerebral Function in the Surgically Separated Hemispheres. The psychophysiology of thinking. Studies of covert processes. Department of Psychology Hollins College. Roanoke, Virginia. 208-229

Veinticuatro años más tarde, en el no muy lejano 2007, Mathew D. Lieberman, profesor del departamento de psicología de la Universidad de California, Los Ángeles, UCLA, condujo un estudio en el que demostró con imágenes del cerebro, realizadas mediante resonancia magnética, que ‘etiquetar’ con palabras las emociones negativas reduce la actividad del sistema límbico en general y la amígdala en particular (encargados del sistema emocional). Lo cual vendría a suponer la regulación mediante el uso del lenguaje escrito del impacto que las experiencias negativas ejercen en el estado emocional, y la consecuente mejora de la salud mental y física.

El estudio de Lieberman y su equipo consistió básicamente en mostrar a los sujetos fotografías de rostros que expresaban fuertes emociones. Algunas de ellas tenían escrito abajo el nombre de dos emociones negativas, para que el sujeto eligiese la que le sugería la expresión de la imagen (como por ejemplo ‘scared’, asustado, ‘surprised’, sorprendido, o ‘angry’, enfadado), y otras sólo la imagen, para que la observase sin decir nada. Mientras tanto, se registraba mediante resonancia magnética la actividad cerebral. Observaron que el etiquetado de emociones negativas, si bien aumenta la actividad del Right Ventrolateral Prefrontal Cortex (RVLPFC) y el Medial Prefrontal Cortex (MPFC), éstos comunican de determinada manera y hacen que disminuya la respuesta del sistema límbico en general y la amígdala en particular. “Estos descubrimientos comienzan a traer luz a cómo poner los sentimientos negativos en palabras puede ayudar a regular el impacto de las experiencias negativas, proceso que definitivamente puede contribuir a una mejora de la salud mental y física-” Traducido de: Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., Tom, S. M., Pfeifer, J. H., & Way, B. M. (2007). Putting feelings into words: Affect labelling disrupts amygdala activity to affective stimuli. Psychological Science, 18, 421-428

Resulta pues evidente que siendo el lenguaje, la palabra escrita, la herramienta básica a utilizar en la Escritura Creativa, la discriminación del hemisferio derecho respecto del izquierdo que Sperry señaló no sólo no se da si no que lo que por el contrario se produce es tanto una integración en la actividad de ambos hemisferios como una regulación del sistema límbico y consecuente equilibrio emocional, como Lieberman indicó.

Escribir sana: cómo, qué, cuándo… y otras cuestiones.

A finales del siglo XIX, Josef Brauer, amigo y colaborador de Sigmund Freud, descubrió el potencial de curación que tenía el hacer hablar de manera desinhibida a los pacientes. Tratando a Anna O., quien padecía de histeria (llamado hoy en día trastorno de conversión, según el DSM V), parálisis, pérdida de visión y habla, se dio cuenta que los trastornos disminuían, e incluso desaparecían, a medida que conseguía que hablase de ellos. Brauer bautizó esta técnica con el nombre de talking cure, curar hablando. Posteriormente, Freud adoptó el método de su colega para desarrollar sus teorías y las técnicas del psicoanálisis (Brauer & Freud, 1895-1966).

Pero desde el talking cure hasta hoy ha pasado más de un siglo, y siendo la escritura un hecho de conocida importancia desde tiempos remotos, no hace mucho que empezó a hablarse de writing cure, expressive writing, written emotional expression o therapeutic writing, entre otros términos.

Fue en 1983 que James W. Pennebaker condujo un estudio sin precedentes en el que vino a demostrar que escribir de hechos traumáticos, relacionando estos con las emociones negativas que conllevaron, trae consigo mejoras tanto en el estado físico como en el psicológico (Pennebaker and Beall 1986). El paradigma establecido por Pennebaker, en el que los estudiantes universitarios que  escribieron relacionando los  hechos traumáticos ocultos con las consecuentes emociones inhibidas demostraron una mejora de su estado físico y psicológico, causó revuelo en la comunidad científica y sentó precedente para las posteriores investigaciones que hasta hoy se vienen realizando en el estudio y desarrollo de la creación literaria con fines terapéuticos. “La teoría original que motivó los primeros estudios en escritura expresiva estuvo basada en la asunción de que no hablar sobre importantes hechos psicológicos es una forma de inhibición. Teniendo en cuenta los estudios hechos sobre animales y psicofisiología, nosotros propusimos que una inhibición activa es una forma de trabajo fisiológico. Este trabajo inhibitorio, que se refleja en la actividad del sistema nervioso autónomo  y central, podría ser visto como un estresante a bajo nivel y larga duración (Selye, 1976). Dicho estrés, por tanto, podría causar o exacerbar procesos psicosomáticos, y por lo tanto incrementar el riesgo de enfermedad y otros daños relacionados con el estrés.” Traducido de: James W. Pennebaker (1997) Writing about emotional experiences as a therapeutic process, Psychological Science, American Psicological Society. Vol 8, No 3. p164.

¿Cómo hacer para que la escritura sea terapéutica? ¿Qué ejercicios y técnicas son las más adecuadas? ¿En qué patologías físicas y psicológicas resulta más beneficiosa y en cuales no? ¿Qué es lo que aporta frente a las tradicionales formas de psicoterapia? ¿Qué actividades cognitivas y neuropsicológicas promueve?

Algunas de estas preguntas van encontrando respuestas, pero otras siguen abiertas en un campo de estudio todavía joven. Aún no han pasado treinta años desde aquel primer experimento realizado por Pennebaker y Beall.

El libro Writing Cure (2002) recopiló y examinó los efectos que conllevaron para la salud las distintas técnicas de escritura terapéutica aplicadas y demostradas de manera científica hasta ese momento.  Stephen J. Lepore y Joshua M. Smyth, en la introducción del libro revisan brevemente estos estudios, y atribuyen el enorme interés que ha despertado la escritura como terapia a tres factores fundamentales:

-Primero a las investigaciones y descubrimientos hechos por Pennebaker, que hasta hoy siguen demostrando que su propuesta de expresive writing “confiere una amplia variedad de beneficios, incluyendo la mejora de las funciones del pulmón en pacientes con asma y la reducción de los síntomas de aquellos afectados con artritis reumatoide (Smyth, Stone, Hurewitz & Kaell, 1999), la mejoría en la salud emocional y física en general (Greenberg and Stone, 1992;  Lepore, 1997; Pennebaker, Colder y Sharp, 1990), y en las relaciones sociales y funciones de rol (Lepore and Greenberg, in press; Spera, Buhrfeind,  & Pennebaker, 1994).

-“Segundo, puede proveer el tipo de tratamiento a bajo coste que muchos directivos, clínicos y trabajadores del ramo de la salud están hoy buscando (Friedman, Sobel, Myers, Caudill, & Benson, 1995).”

-Y tercero, ofrece la posibilidad de que ciertos individuos que tengan dificultades frente al terapeuta para hablar de sus problemas y cuestiones privadas, debido a “represiones sociales, problemas de movilidad, falta de acceso a los servicios adecuados o inhibiciones personales (Lepore, Silver, Wortman, & Wayment, 1996; Pennebaker & Harber, 1993) puedan hacerlo a través de propuestas de escritura expresiva. Traido de: Stephen J. Lepore and Joshua M. Smyth (2002) Writing Cure. How Expressive Writing Promotes Health and Emotional Well-Being. Washington: American Psychological Association.

Personalmente, en mi taller de escritura terapéutica, al aplicar el paradigma de Pennebaker, y buscar respuestas de los asistentes a cómo se han sentido tras escribir durante quince minutos y enfrentarse a los hechos traumáticos que les han marcado la vida, algunos de ellos me mostraron su “enfadado” por haberles hecho recordar sus más íntimos traumas, y explorar en las consecuentes emociones que ellos habían apartado y creían tener olvidadas. Ante esto, mi respuesta inmediata fue el hacerles saber primero que yo no soy el culpable de esas sus emociones negativas, y segundo que vivir en la negación de experiencias traumáticas no sólo no los ayuda si no que los podría llevar, entre otras cosas, a caer en el mismo o parecido error y consecuente dolor emocional.

A este proceso mental de querer evitar el recordar y hablar de problemas y experiencias traumáticas del pasado la psicología lo llama “evitación experiencial”, proceso que, además del consiguiente trabajo inhibitorio y deterioro de la salud, lleva aparejado consigo diferentes actitudes y comportamientos que podrían variar desde el consumo de alcohol y drogas, como medida inmediata para  reducir la ansiedad y el dolor emocional, hasta el suicidio.

Si bien ha quedado de sobra demostrado que el paradigma de Pennebaker trae beneficios para la salud mental y física (“Estos estudios están demostrando repetidamente que escribir sobre sucesos emocionales puede influir en la vida de la gente” (Pennebaker 2002, p285), a mi modesto entender no todos estamos dispuestos para, desde un primer momento, enfrentarnos a ese su paradigma. Sin embargo, hay otros ejercicios prácticos que he propuesto de antemano, a forma de preparación, que han despertado la confianza, el beneplácito y positivo entusiasmo de los asistentes para posteriormente enfrentarse  con mayor disposición a explorar por escrito sus traumas y emociones.

En la primera sesión les solicito que escriban en sus cuadernos y contesten lo más honestamente posible a las siguientes tres preguntas: “Quién soy? Qué necesito para vivir? Qué quiero ser?” Les indico también que las respuestas son para ellos, que no tienen por qué compartirlas con nadie y que ahí quedan para que en casa, reflexionando con calma y escribiendo y reescribiendo tanto cuánto consideren, las vayan resolviendo y aclarando. Generalmente, estas tres básicas e iniciales preguntas han servido de por sí mismas para que comiencen a descubrirse y disparen de manera indirecta sus traumas y carencias personales. “También hemos descubierto que una de las mejores cosas de la escritura es que te pertenece sólo a ti”, me dijeron en una puesta en común.

En la clase siguiente les pregunto sobre esas tres cuestiones, sobre cómo se sintieron frente a sus escritos y reflexiones, y si los habían releído y rescrito durante la semana. Entonces les propongo otro ejercicio. Les pido que pasen esas preguntas a la tercera persona, y contesten por escrito bajo la perspectiva de esa tercera persona, que se pregunten las mismas cuestiones, como si se mirasen a ellos desde fuera: él/ella es… Él/ ella necesita…  Él/ella quiere ser… “Al escribir de nuestros problemas y experiencias traumáticas en tercera persona hemos encontrado que podemos expresarnos con gran libertad, a la vez que nos permite distanciarnos de nuestro punto de vista egocéntrico. Después de este ejercicio, uno puede sentirse mejor, como si ese ya no fuera su problema, como si fuese el problema de ‘esa’ otra persona.”

Fue entonces a la tercera semana que utilizo el ejercicio/paradigma propuesto por Pennebaker. Lo cual presumo funciona mejor que si lo hubiera propuesto desde el primer momento, ya que en ese punto los asistentes están más entrenados en el proceso de la escritura reflexiva. Aún así, y como ya he dicho, esto no ha evitado el descontento de algunos.

Una vez que se han enfrentado a ellos mismos y confrontado traumas con emociones, en la cuarta semana paso a proponerles un ejercicio de pensamiento positivo, que generalmente trae la sonrisa y el goce a las caras. Les pido que vuelvan a releer el trauma y las emociones que escribieron, y que anoten y hagan dos columnas con las palabras que usaron: una con las negativas y otra con las positivas. A continuación les pido que se detengan y reflexionen un momento frente a las dos columnas de palabras, unos cinco minutos. Y a continuación se pongan a escribir de nuevo el hecho traumático, pero esta vez usando tan sólo la columna con las palabras positivas. “Con este ejercicio pudimos ver y sacar la parte positiva de nuestra historia al rescribirla con las palabras positivas y evitando las negativas (…) Lo que  queremos decir es que creando una historia positiva imaginaria le das un giro total al sujeto de la historia, cómico si cabe, y automáticamente sonríes y te sientes mejor después de leerla.”

Yo mismo he llamado a esta técnica como post catarsis reflexivo positiva (Manu Rodríguez 2011).

Referencias

Antonio Damasio. (2010) Y el cerebro creó al hombre. Ediciones Destino.

Roger W. Sperry. (1973) Lateral Specialization of Cerebral Function in the Surgically Separated Hemispheres. The psychophysiology of thinking. Studies of covert processes. Department of Psychology Hollins College. Roanoke, Virginia. 208-229.

Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., Tom, S. M., Pfeifer, J. H., & Way, B. M. (2007). Putting feelings into words: Affect labelling disrupts amygdala activity to affective stimuli. Psychological Science, 18, 421-428.

Pennebaker and Beall 1986. Confronting a Traumatic Event: Toward an Understanding of Inhibition and Disease. Journal of Abnormal Psychology, Vol. 95, No 3, 274-281.

James W. Pennebaker (1997) Writing about emotional experiences as a therapeutic process, Psychological Science, American Psicological Society. Vol 8, No 3. p164.

Stephen J. Lepore and Joshua M. Smyth (2002) Writing Cure. How Expressive Writing Promotes Health and Emotional Well-Being. Washington: American Psychological Association.

Brain, mind, behavior and the written word.

-This is just part of an article I’ve written for the Middlesex University, London-

The human brain, with its thousands of millions of neural connections, seems to be the most extraordinarily complex organ that evolution has brought to life. Thus, our mind (feeling, emotional and creative) gives us a unique richness and unique abilities. Scientists say there is not a single human brain like any other, which means, therefore, that there is no mind like any other. It seems obvious that brain and mind, with their interrelated physical and psychological respective functions, make us precisely what we are. This doesn’t mean that brain and mind are unmovable entities, on the contrary, their capabilities of change and adaptation, their plasticity (‘neural plasticity’, a characteristic introduced by the psychologist and philosopher William James (1842-1910)), is a fact.
Our body is the medium that in contact with our environment receives and sends information to our brain, and it is this which, through complex neural activity, creates the information our mind processes and makes very personal and exclusive to us as individuals.
Although this statement could be more than obvious, I will explain this further, so as to be better understood and come to the right conclusions, and I hope to show clearly the influence of language and the healing power that writing can have.
It is through our body that we see, hear, taste, smell and touch (using our eyes, ears, nose, mouth and body). Our brain receives all this information, and it is then that our mind processes it on that very personal and particular way, influenced by our education, personal experience, culture etc., so then we behave as we do and take certain actions in our environment. Antonio Damasio, Professor of Neuroscience and Director of the Brain and Creativity Institute at the University of Southern California, explains in a brilliant and concise way this relationship of brain-mind-behavior: ‘The body and the surrounding environment interact with each other, and the changes caused in the body by that interaction are mapped in the brain. It is certainly true that the mind learns of the outside world via the brain, but it is equally true that the brain can be informed only via the body. The second special consequence of the brain’s body aboutness is no less notable: by mapping its body in an integrated manner, the brain manages to create the critical component of what will become the self.’ Antonio Damasio. (2010) Self comes to mind: constructing the concious brain. New York: Pantheon Books.
Having said that, to my modest understanding it is quite clear that we are in many ways what our brain and mind ’want’ us to be, and it is our responsibility to use these their/our abilities the best we can, as much for our own good as for our environment and common wellbeing. We have already mentioned the plasticity of the brain. A healthy brain, with no damages, can affect the workings and determinations of a mind, and vice versa. Brain takes actions and generates a mind, but mind also acts and can transform a brain. Brain, mind and body are in a very intimate relationship, and they make a way of feeling, thinking, understanding life, and then behaving. ‘Your character is your destiny’, I read once I don’t remember exactly where. I really believe this. Of course our genetic, physical conditions, and social and cultural background and surroundings can limit and condition us, but we also have our will and intelligence, or what psychologists Peter Salovey, from Yale University, and John Mayer, New Hampshire University, came to call ‘emotional intelligence’, a concept that the psychologist and journalist David Goleman made popular (D. Goleman, 1995), and that we could synthesize like the ability to identify, control and modify emotions of oneself and others.
But, how could we better organize all the information our mind process so we can have a healthy life, without causing dysfunctions within ourselves? How could we better understand what our senses receive, and our feelings and emotions as a result of our mind’s processes, to feel better in the present, understand past traumas and plan a better future? To me, the answer stays clear: the reflection and organization of thoughts through language, and, in this case, through Creative Writing.
I’ve been writing since I was an adolescent, first songs and poems, then short stories, novels and articles. By doing this, I have tried to understand problems and traumas that have affected me. I really believe that without my writing I wouldn’t be the same person I am today. It wouldn’t be possible to understand where I’m coming from, organize my ideas to find explanations for what has happened to me and what happens around me in my everyday life, to plan in a positive way where I want to go… And I would have become a sick madman, desperate to find explanations and some way to talk to myself, talk to others and to heal.
‘Mind and behavior are the moment-to-moment results of the operation of galaxies of nuclei and cortical parcels articulated by convergent and divergent neural projections. If the galaxies are well organized and work harmoniously, the owner makes poetry. If not, madness ensues’. Antonio Damasio. (2010) Self comes to mind: constructing the conscious mind. New York: Pantheon Books.
Having already introduced the role that brain and mind play in our character and behavior, I think it is convenient to talk, also very briefly, about: firstly the strength and influence language has in our mental processes, and secondly what the written word can do for the regulation of feelings and emotions. I will then conclude and observe how Creative Writing can help to improve health, physical and psychological.
It was the scientist Roger Wolcott Sperry, Nobel Prize of Medicine in 1981, who discovered the different functions of the brain’s hemispheres and who stated the importance language and creativity have for the integration of those functions. According to his research, the left hemisphere is specialized in verbal and analytic functions while the right hemisphere specializes in non-verbal and global perception functions. The left hemisphere is rational and analytic while the right one is intuitive and imaginative. Language, involving the rules that organize rational thought, is a function of the left hemisphere, while imagination and creativity are functions of the right. ‘The main theme to emerge from the following is that there appear to be two modes of thinking, verbal and nonverbal, represented rather separately in left and right hemispheres, respectively, and that our educa¬tional system, as well as science in general, tends to neglect the nonverbal form of intellect.’ Roger W. Sperry. (1973) Lateral Specialization of Cerebral Function in the Surgically Separated Hemispheres. The psychophysiology of thinking. Studies of covert processes. Department of Psychology Hollins College. Roanoke, Virginia. 208-229
Twenty four years later, in 2007, Mathew D. Lieberman, professor of the Department of Psychology of the University of California, Los Ángeles, conducted neuroimaging (fMRI) research which demonstrated that putting into words negative emotions (‘affect labeling’) reduces the limbic system activity in general and amygdala in particular (which are in charge of the emotional brain responses). This definitely demonstrates that the written word can alleviate the negative effects of negative experiences.
‘These findings begin to shed light on how putting negative feelings into words can help regulate negative experience, a process that may ultimately contribute to better mental and physical health.’ Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., Tom, S. M., Pfeifer, J. H., & Way, B. M. (2007). Putting feelings into words: Affect labelling disrupts amygdala activity to affective stimuli. Psychological Science, 18, 421-428
Therefore, it is evident to me that through the Creative Writing process there is an integration of the verbal/rational and non verbal/creative functions of both hemispheres of the brain.  Left and right work together. What occurs then is as much an integration of both hemispheres as a regulation of the limbic system and the consequent emotional balance.

FIRST WOMAN’S BODY. A life’s change –PANTOUM-.

She came into my life the same way she left. A brutal energy. A hurricane.
Two hurricanes, opposite directions.
First love, then hate. First happiness, then pain.
She is not here. But she is. And she will be.

Two hurricanes, opposite directions
An indelible mark.
She is not here. But she is. And she will be.
The memory of my first love.

An indelible mark.
First kiss. First sex.
The memory of my first love.
First woman’s body.

First kiss. First sex.
Forever.
First woman’s body.
She came into my life the same way she left. A brutal energy. A hurricane.

 

The shell of your life

This was part of MY house. Just mine it was.
Oh, for my SeaGod! I see it now, here! One of the one and only sides of what was MY house. My lonely house. I’m not going to cry. Crabs don’t cry.
And, where would the other side, the other part, be? SeaGod knows!
They are both abandoned, and with no occupancy expectations. In the hands of luck, fate and man. An ashtray, a piece of decoration… But no life in it. Not anymore. Not anytime. Not anyway…
The walls of my recollections they are. My sailing, that unfathomable sea, that endless sand, my unbelievable world…  I still can feel it.
I was attached to them. One my bed, the other my door. Poor house of mine! Poor me! Carried them with me proudly but humbly. From here to there. Come on, crabby, let’s go! Taking care of it all the time, my little time. Eating and keeping a bit of this, a bit of that… Knowing about its protection, its strong value. My shelter, but knowing I’m just a wee tiny part of the Universe.
Then my time passed and took me to that nowhere land of crabs’ spirits. Food for the fish.
And then waves and more waves… Those enormous and glorious waves which brought that side of my life to yours, to your hands, to your house, to your world.
And now, can you promise me something? Promise that you will keep this as a treasure. That you will take care of it. I promise it will bring you the best of luck.
And remember that from now on this is your shell, The Shell of Your Life.

El papel que escribimos

 

Querido escritor,

 Este papel en el que yo escribo y que ahora tú lees (a no ser que lo hagas en la pantalla de tu ordenador, lo cual aunque sí cambiaría la dirección del relato no tanto su sentido final), una vez fue árbol que los hombres cortaron y procesaron con sus máquinas…

 Y aquel árbol un día fue semilla, que creció abrigada en su tierra, también de cierta manera tocada por la mano humana… Y la semilla, cobijada en esa su madre tierra, fue mojada por las nubes, el cielo, sus tiempos… Y las nubes, el cielo y sus tiempos, aunque ciertamente afectados por los movimientos de la mano humana, sus sabidurías e ignorancias, sus aciertos y errores, juegan su papel en el universo, que unos dicen que es infinito, otros que lo creó Dios… Y, por favor, no me pidas escribir de Dios y el universo, simplemente porque están demasiado lejos de este mi papel, de esta mi mano que en él se expresa, de este mi mundo… Y ya bastante difícil me resulta contarte de mi alcance en él.

 Y tú, compañero en este juego, reflexiona y escribe también lo que sientas, a tu mejor manera, en tu papel, con tus palabras…

 Y tengamos pues presente que si no fuera por la semilla, el árbol, el hombre y el cielo, no podríamos seguir escribiendo… Y Dios y el universo… quizá ellos tampoco tendrían palabras para hacerlo.

 

Milonga desleal

 

  Aquella madrugada mi alma gritó un dolor desesperado, incontenible y jamás sentido. Sangró, lloró sintiéndote en otros brazos, bailando una milonga desleal.
 Imposible dormir con la herida abierta, imaginándote Princesa, bella ante la deseante mirada de otros ojos, lejos de los míos.
 “El tango sólo tiene camino de ida”, te dijeron.
 ”El tango o yo”, te pedí.
 Y tú lo preferiste a él.
 “Me voy”, me dijiste, buscando excusas de traición.
 
 ¿Cómo borrar este dolor que noche tras noche me castiga?
 ¿Cómo sanar este cáncer de amor?
 ¿Cuánto de celos? ¿Cuánto de rabia, impotencia, frustración… querer y no poder?
 “Si quieres a alguien, déjalo libre”, dicen. Y, digan lo que digan, el amor me parece posesión, exclusividad.
 “Tuya siempre”, me decías. Y yo así lo creí. “Para siempre. Por siempre”, conjugamos los dos.
  Cambiaste los valores. Y te aferraste al rechazo y desprecio para contentar a tu ciego orgullo.

 Te vas, dejando una mancha indeleble en mi alma.
 Te vas, llevándote mi primer amor.
 Te vas, y las horas pasaran extranjeras.
 Te vas, y dejarás un tiempo sin tu espacio.
 Te vas, y entenderé que te amo tanto como te peno. Y que quizá me quieres tanto como me haces sufrir.
 Te vas, y buscaré otros labios, otro sexo, otro cuerpo con quien caminar, y pretender olvidar la senda que juntos trazamos.
 Te vas, y dolorido te imaginaré en otros brazos, bailando esa milonga que nunca quisiste conmigo compartir.

 Juntos hemos surcado mares, traspasado fronteras, dormido en lugares propios y extraños, que siempre llenábamos con extraordinaria pasión… Todo con nuestro amor por bandera.
 Me rompí la lengua para darte sabor.
 Me deshice en tu cuerpo para hacerte sentir.
 Nos dejamos el uno en el otro.
 Nos amamos sin medida.
 Me amé a mi mismo, a mi libertad… Pero siempre queriéndote.
 Me amaste mucho, lo sé… Pero buscaste otra senda.

 ‘Tuya siempre’… Y ahora me dices que te vas.
 ‘Tuya siempre’… Y sé que, aunque en el recuerdo, así será. Digas lo que digas,  vayas con quien vayas… Estés dónde estés.

 Si te vas… Seguiré recordándote, si te vas.
 Para siempre. Por siempre.

La guerra es un error

 

Me despierto y levanto de temprano. Hoy no he dormido plácidamente. Hace ya algún tiempo que no consigo hacerlo. Uno batalla interiormente en su particular contienda de emociones y sentimientos; traición, deslealtad… pérdida. Porque siempre se pierde, ¿verdad?

Así que pretendo dame una tregua.

En Sevilla, suelo venir a desayunar a este café, precisamente con nombre de emperador romano: dicen que sevillano, para más señas. ¡Mira tú qué cosas! Uno se dispone a relajarse y destruir egoísmos y se encuentra sentado bajo este soberbio nombre. En fin…

Pido café con leche, tostadas con jamón y tomate, y un zumo de naranja. Un completo, como yo lo llamo. Mientras, ojeo la portada de un periódico de tirada nacional… Y otra guerra en titulares.

Matan para defender la libertad, quiero pensar que dicen. Siempre dicen eso. Pero, en cualquier caso, matan. Me aclaro. El caos y el orden.

Mi organismo también lucha contra los males que lo atacan, cuestión de supervivencia. Vivir o no vivir, quizá esa es la respuesta final del ser. Aunque, no todo es tan así, ¿verdad? En el camino, entre esos dos límites, es nuestra torpe mente la que lía y complica las variables intermedias.

¿Antes del ataque, se reflexiona bien sobre la rabia, el dolor, la pérdida… y tantas otras cosas que se dejan atrás? No creo.

¿Está uno preparado para una buena defensa? Tampoco lo creo.

¿Es, como dicen, una buena defensa el mejor ataque? Mmmmmm, déjame pensar…

¿Es una retirada a tiempo una victoria? Depende. Supongo que de lo que se deje atrás, de lo que se considere “a tiempo”…

¡Dios, quienquiera que seas, entonces danos una pacífica y buena trinchera! ¡Qué hostias estás esperando a estas alturas de la historia! 

Posiblemente la paz se encuentre sólo en la muerte. Quizá haya que aceptarlo así. Y entender la batalla como algo necesario para que muchos descansemos en paz. Orden y caos.

En cualquier caso, mirando hoy la portada del periódico, siento que la guerra es un error, un fallo del sistema. ¿O no?

Manual de Escritura Curativa en Prensa

ABC de Sevilla - Manu Rodríguez

Diario de Sevilla - Manu Rodríguez

un fragmento del comienzo de mi nuevo libro, YA A LA VENTA

Escribir para sanar
Editorial Almuzara. 2011

 

¿A quién va dirigido el manual? 

Gracias a las investigaciones desarrolladas por James W. Pennebaker desde finales de los ochenta, en los últimos años, y cada vez más, se ha venido utilizando la Creación Literaria en diversos países del mundo como terapia, tanto para niños como para adultos y en tan distintos escenarios como escuelas, hospitales, penitenciarías y residencias de ancianos.

Este breve pero intenso manual está diseñado para adultos. La noble y ambiciosa intención que me ha movido a desarrollarlo es la de acercar mis propias experiencias, estudios e investigaciones no tan sólo a aquellos que quieran superar hechos traumáticos que les afectan emocional y físicamente, sino también a cualquiera que  desee mejorar su estado psíquico y físico, su salud y calidad de vida, a través de la escritura creativa. Y, desde luego, también está dirigido y resultará de gran utilidad a escritores y artistas, quienes espero encuentren en él una fuente de inspiración.

Debido a las enormes posibilidades que ofrece Internet (correo electrónico, blogs y foros, entre otras) su desarrollo puede ser aplicado a este medio, y queda a la elección e imaginación del lector el hacerlo de una u otra manera.

Justificación.

Recientes investigaciones y rigurosos estudios clínicos, llevados a cabo sobre todo en Norteamérica y el Reino Unido y aplicados a pacientes que sufren de hipertensión, artritis, cáncer y Alzehimer, entre otras patologías, nos han venido a demostrar que a través de una escritura reflexiva, relacionando los sucesos traumáticos con los sentimientos que produjeron y producen, se promueve una mejora de la actividad cerebral en general y regulación en la actividad del sistema límbico en particular.

Mediante la escritura, ordenando el caos que nos ha producido tal o cual suceso traumático, lo sacamos afuera, lo entendemos y nos sobreponemos a él. Así, disminuimos el estrés y reforzamos nuestro sistema inmune, a la vez que logramos un equilibrio emocional, lo cual incidirá en la mejora de nuestras actitudes y relación con el entorno, y, en definitiva, nuestra salud y calidad de vida.

A través de un compromiso personal con lo que aquí vengo a llamar “Terapia de Creación Literaria” tendremos la posibilidad de sanar y transformar nuestra vida.

En el presente manual daremos las bases teóricas y prácticas de una terapia para sanar mediante la Creación Literaria.

Objetivos.

El manual ofrece la posibilidad de:

- Escribir con la intención de explorar en los pensamientos y emociones; auto-conocerse, auto-enriquecerse y auto-ayudarse. Para esto se requiere el compromiso del lector-asistente en la práctica diaria de la escritura.

- Buscar la exclusiva voz narrativa, la mejor manera para expresarse con honestidad, desinhibición, fluidez, creatividad, encontrando la coherencia en el/los hechos traumáticos y los sentimientos que esto/s  nos ha/n ocasionado.

- Aunque en las primeras sesiones del curso-manual el lector-asistente pueda sentirse reacio a continuar (debido a los sentimientos dolorosos que está volcando en el papel), e incluso peor anímicamente, se espera que al poco tiempo comience a sobreponerse al dolor, tenga una visión más lógica, racional y sana y alcance una mejora psíquica.

- La relación entre los hemisferios izquierdo (en lo que se refiere a su función lingüística) y derecho (función creativa) se activa –en términos de función cerebral esto se llama “integración”-. La actividad del sistema límbico en general y la amígdala en particular (encargados de las emociones) se reduce ante los pensamientos negativos. Y, de esta manera, se alcanza una mejora en el sistema inmune, el ritmo cardiaco se regula y se consigue una mejora física general.

Metodología.

Cada sesión tendrá como objetivo dar a conocer los fundamentos básicos de la Terapia de Creación Literaria y buscar la motivación necesaria para expresarse a través de este arte. Mediante los ejercicios propuestos, el lector-asistente buscará la manera de encontrarse a sí mismo, frente a sus problemas, sus capacidades y discapacidades, y situarse en su entorno, a la vez que desarrollará su potencial capacidad creativa.

Para conseguir los objetivos propuestos, es imprescindible que el lector-asistente mantenga un compromiso con la aquí presentada Terapia de Creación Literaria. Y lo deberá hacer con honestidad, relacionando los hechos con los sentimientos, reflexionando profundamente para autoconocerse, autoenriquecerse, autoayudarse y, a fin de cuentas, sanar.

Durante este curso-manual, y en todo momento, teniendo en cuenta lo duro que puede resultar recordar y ser consciente del trauma que afecta, se propondrá estar alerta ante los pensamientos negativos (irracionales, ilógicos, insanos) que puedan llevar a la autodestrucción. Lo negativo/insano es válido si se acepta como parte del hecho, si se tiene en cuenta su carácter positivo/sano y se usa como catarsis que nos lleve hacia nuestro proceso de Creación Literaria y a una terapia reparadora.

Debido al carácter íntimo y privado de los ejercicios propuestos, una vez realizados estos podrán ser:

- destruidos o guardados.

- presentados a un terapeuta profesional.

- presentados a alguien de confianza para que los lea, y así tener una opinión externa, ligeramente alejada.

- colgados en  Internet, en un foro o blog, bien de forma anónima o personal, y así obtener comentarios totalmente ajenos.

La decisión siempre queda a cargo del lector-asistente.

Sesiones.

Este manual consta de diez sesiones, a realizar una por semana. En cada una de ellas se desarrolla brevemente el tema en cuestión y los puntos en él establecidos. El lector-asistente podrá ver como, poco a poco, va adentrándose en el marco teórico de la escritura terapéutica, entendiendo el significado de los ejercicios propuestos y encontrando salida a los problemas y traumas que lo afectan.

Se pretende introducir al lector-asistente en la teoría, técnica y práctica de la Creación Literaria como terapia.

En cada sesión se propondrán ejercicios prácticos, con la intención de motivar, orientar y encaminar al lector-asistente a “escribir para sanar”.

 

1.- Fundamentos básicos.

2.- La Terapia de Creación Literaria.

3.- Beneficios psíquicos y físicos.

4.- Escribir como autoconocimiento, autoenriquecimiento y autoayuda.

5.- Funcionamiento del terapéutico proceso de escribir. Otras investigaciones y enfoques.

6.- Compromiso con la Terapia de Creación Literaria.

7.- Método de tratamiento.

8.- Pensamientos erróneos.

9.- Controlando las emociones “difíciles”.

10.- Reconociendo las características y etapas de la Creación Literaria.

 

Naranja

 

Querido amor,

El nuevo año ya comenzó. Es enero en esta Sevilla.

Nuestro día pasó, mi cumpleaños también…

Observo el cielo y lo siento más lejos y más claro que el de Edimburgo. Profundo celeste.

A veces, una leve brisa mueve el aire, que aquí parece que flota.

El sol entra de soslayo en la plaza, iluminando la iglesia. “¿Está Dios aquí?”, me parece que pregunta.

Escucho gorriones piar, quiero suponer que alegres. Qué tontería, ¿verdad? No cantaría nunca un gorrión triste.

Me gustaría que estuvieras aquí, cerca, no voy a negarlo. Respirando conmigo esta belleza; libre.

 Las naranjas se mantienen en sus árboles, vivas. Parecen colocadas a propósito, mostrándose orgullosas entre las béticas hojas. Lucen, haciéndome creer que pretenden ignorar su pequeñez y mortalidad, aunque también sabiendo de esa su fragilidad, que sólo estarán hasta que la primavera las rinda y el azahar les pida paso, y todo huela a vida fresca. Pienso que debería ser entonces cuando el comienzo del año se celebrase en esta ciudad.

La luz las hace brillar, como si fueran bolas de una navidad que no se quiere ir. La fiesta, siempre la fiesta presente en esta tierra.

Me resulta surrealista, paradójico a la vez: todo el invierno con fruta amarga en la calle, aunque con la alegría dispuesta en el alma. Quizá mucho sea pretender, quizá sobrevivir, quizá la naturaleza de este Sur…

Es como si el tiempo quisiera hacerse eterno.

Entonces decido acercarme a ti. Te miro, encaprichado, como antes he mirado a tantas otras.  Y, entre todas las demás, tú eres la que estás más cerca. Te sonrío y me marcho de vuelta a casa. Pero ya sabes que mañana volveré para verte de nuevo. Serás mía.

 

Llevo así algunos días. Tú me observas desde arriba, con la arrogante inocencia de una niña que desconoce su vulnerabilidad, y con la ya salvaje hermosura de tu natural madurez.

Con mi torpeza sería ridículo saltar, no podría alcanzarte. Sería más sensato traer una escalera, llegar a ti y tenerte. Pero prefiero esperar. Seré paciente. Sé que caerás rendida a mis pies…

 

Es febrero, amor.

Nuestro día volvió a pasar.

Ayer llovió, y no fui a verte. Si hubiera estado allí, en aquel preciso instante, no hubieras sufrido el trauma, o al menos hubiera querido hacerlo más leve. Si hubieras querido venir a mí, niña arrogante, mujer fatal, justo cuando cada día te miraba enamorado…

En cualquier caso, hoy estás junto a mí. La ley de la gravedad cumplió con su fuerza. Nuestro destino hizo el resto.

Bajaste a tierra. Estabas empapada cuando te encontré. Tú, sola. Tus hermanas seguían arriba. Quizá compadeciéndote. ¡Qué tontas! ¿Acaso no saben que acabarán igual? Quizá peor Sin el más mínimo escrúpulo.

La muerte nos iguala a todos.

Te agarré con delicadeza y te sequé con caricias. Tu olor me impregnó las manos, el alma…

Ahora te tengo, mía. Todo me huele a ti.

 

Naranja, te sostengo en mi mano derecha, y acaricio y pregunto en nuestro silencioso idilio: ¿qué fue antes el color o tú? Y sonrío de esta nuestra locura.

¿Quién plantó estos tus árboles en las aceras? ¿Quién quiso que coqueteasen con calles y plazas? ¿Quién te quiso? ¿Quién te quiere?

¿Dónde van tus hermanas cuando caen?

 

Vuelvo a mirarte. Es curioso, el azar y yo hemos querido que seas mía, que seas precisamente tú a quien tenga entre mis manos. El amor es así: parte suerte y parte capricho, generosidad y egoísmo. Hasta que el tiempo lo separe de la rama, del árbol que le da la savia. Y lo transforme…

 

Y será marzo. Y nuestro día pasará…